 |
A POR LA CIMA
Así de contundente, pero ya va siendo hora. Llevamos aquí
parados dos semanas enteras. En este tiempo, hemos aguantado la
lluvia que ha caído sin cesar. El tedio de no tener nada
que hacer. La incertidumbre de mirar al cielo cada día
y comprobar que nada ha cambiado o si acaso, para peor. En definitiva,
hemos tenido que mantener la mente entera, pese a que los estímulos
exteriores se han afanado por derribar nuestras barreras. Así
estaban las cosas, con la moral unos días alta y otros
por los suelos. Así es una expedición al Himalaya.
Hoy ha amanecido distinto. Luce el sol y el ánimo ha vuelto
a brillar con luz propia. Millones de toneladas de hielo y nieve
han comenzado a caer por todas las paredes que nos rodean. La
nieve acumulada en estos días, recalentada por el sol,
ha comenzado a resbalar y la montaña se está purgando.
Suenan sin cesar las avalanchas, pero a nosotros, a salvo en nuestro
pequeño hogar al pie del monte, nos suenan a gloria. Ahora
es el momento de caer y no cuando estemos debajo, no os parece?
ya hay nervios, inquietud, pues esperamos que este buen tiempo
se mantenga y podamos salir hacia el asalto definitivo. Cada equipo
ha hecho sus planes. Unos saldrán mañana, para ir
más despacio. Otros, entre los que me incluyo, vamos a
jugar una vez más la baza de la rapidez. Vamos a intentar
ir directos al campo 2 en un día, superando esos 2.000
m de desnivel que ya son bien conocidos para nuestras piernas
y al día siguiente avanzar en una larga jornada hasta el
emplazamiento del habitual campo 4. Así, en dos días,
nos pondremos al pie de la pirámide somital y habrá
llegado el momento de probar fortuna en lo más alto. Allí,
nada será regalado y habrá que pelear muy duramente
por conseguir nuestro sueño. Ya hemos preparado cada detalle,
cada cosa que hay que llevar para arriba. Estamos intranquilos,
observando las nubes que llegan, anhelando que no sean más
que producto el calor. Tiene que hacer bueno, tiene que hacerlo.
Llevamos ya mucho tiempo aquí, demasiado y esto lo vamos
a notar cuando arranquemos. El ritmo será más lento,
más cansino, puesto que tantos días de inactividad
habrán dejado nuestros músculos debilitados. Siempre
es así. Habrá que saber sufrir, más si cabe
y confiar en que sea el último esfuerzo que vamos a solicitar
a nuestros organismos. Tenemos la certeza de que si se mantienen
estos días, podremos llegar hasta lo más alto y
regresar con bien hasta aquí. Un día de estos, saldremos
hacia la cima, hacia aquel punto del espacio que nos ha embelesado
durante semanas. Tenemos la ilusión intacta y todos, a
su manera, vamos sobrellevando estos últimos días
en que es difícil disimular la tensión. Veo mis
botas, mi ropa térmica, mi material. Pronto me estaré
vistiendo para salir de nuevo, para intentar traspasar esa cota
de los ochomil metros. Vamos soñar que tenemos suerte,
que el tiempo nos respeta y en muy pocos días, todo habrá
acabado. Qué la fortuna nos acompañe y que nuestro
esfuerzo no sea baldío.
Carlos Pauner
|