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GRIETAS Y PANIZO
El tiempo va pasando, inexorable. Nuestro estado de ánimo
es tan cambiante, como lo son las previsiones del tiempo meteorológico
o la intensidad de las nevadas que nos ahogan desde hace días.
Nuestra rutina en la tienda comedor, cada vez es más tediosa,
si bien aún quedan momentos divertidos y dotados de cierto
toque de locura. Conversamos sobre cualquier cosa, nos criticamos,
nos insultamos, pero también nos queremos unos a otros
y nos necesitamos. Cuando todo va mal, se hace más importante,
si cabe, matar las horas charlando, conociéndonos un poco
más, aprendiendo unos de otros. De todas formas, hay momentos
hilarantes en nuestra convivencia. Cualquier tema deriva hacia
un rumbo desconocido. Así por ejemplo, el otro día
hablando de las grietas que tenemos por aquí cerca, acabamos
con la conclusión de que las grietas son democráticas
y que te tragan seas guapo o feo, hayas llevado una vida sana
o no, seas de un pensamiento o de otro. Este tipo de cosas, nos
hace reír y pasamos el tiempo de una forma más llevadera.
Como otro ejemplo, aunque no creo que muy ejemplar, el otro día
les decía a mis compañeros, con cierto grado de
convencimiento, que me consideraba el introductor del panizo (más
bien maíz tostado) en el sudeste asiático. Hace
años que me ayudaron a descubrir que este alimento es un
buen aliado en la altura y desde entonces no falta en mis expediciones.
Mi grado de seriedad y de dogmatismo, causaron las críticas
de todos mis compañeros y acabamos todos chillando y gritando
como animales. "No hay nada que discutir, como introductor
del panizo, os digo que es así y ya está..."
Liberada la tensión, todos nos dispusimos a degustar alguna
de las suculencias que nuestro Ghulam nos prepara. Así
pasa el tiempo, entre risas y dudas, con momentos para el recuerdo
y otros que no lo serán. Hoy, repentinamente, las previsiones
apuntan hacia una ligera mejoría para el lunes de la semana
que viene. Parece ser que vienen tres días aceptables y
aunque el estado de la nieve es penoso, hemos decidido probar
suerte. Así que esta noche, esperando tener más
fortuna que hace unos días, vamos a salir para ir hacia
el campo 2, 2.000 metros sobre nuestras cabezas. El domingo, lo
emplearemos en llegar al campo 4, a 7.100 m de altura y esa noche,
probaremos suerte intentando llegar a la cima el lunes por la
mañana. Vamos ilusionados, puesto que tenemos muchas ganas
de acabar. Sabemos que el sufrimiento va a ser extremo, puesto
que 18 días de parón nos habrán dejado muscularmente
rotos. El tiempo dirá y la montaña, como siempre,
nos pondrá en nuestro sitio. De momento, hemos cambiado
las grietas y el panizo por la estrategia y poco a poco nos vamos
metiendo de nuevo en la montaña, de la cual nos habíamos
alejado en estos días grises y terribles.
Carlos pauner
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