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HACIA ARRIBA
El buen tiempo que nos visitó hace unos días parece
que no quiere abandonarnos. De momento, sigue luciendo el sol
y todo se empieza a ver de otra manera. Día tras día
los equipos de las diferentes expediciones se van turnando en
el trabajo y hoy va a quedar fijado todo el camino hasta el campo
2, a 6.200 m de altura. Esto supone un importantísimo paso
hacia adelante, puesto que de esta forma ya está abierto
el camino hacia la parte alta de la montaña. Mañana
de madrugada, Diego, Javier, Huarte y yo vamos a tomar el relevo
de nuestros compañeros y subiremos para llegar a dormir
al campo 2 directamente. Va a ser un día muy duro, pero
las condiciones del tiempo nos hacen estar eufóricos y
con ganas de trabajar. La idea es dormir en ese campo tras unas
10 horas de ascensión, y fijar algo más de cuerda
por encima del mismo, a la mañana siguiente. De esta forma,
habremos conseguido dar un buen tirón a la aclimatación
y poner un granito de arena más en la apertura del camino.
Posteriormente retornaremos hasta el campo base en un vertiginoso
descenso de más de 2.000 m de desnivel.
Pero bueno, eso será mañana, porque de momento estamos
en nuestro hogar al pie de la montaña. La vida en el base
es placentera. Situados a 4.200 m, la nieve ya se ha derretido
y disfrutamos de una hermosa pradera jalonada de flores. Atrás
quedaron los días de dormir entre nieve y luego entre barro.
Ahora, nos aplicamos a las tareas del descanso. Por la mañana
buen almuerzo, con huevos fritos y panceta. Luego tertulia y algo
de trabajo: tratar fotos, escribir alguna cosilla, etc. A la 1
en punto la comida, donde Ghulam, mi buen cocinero de siempre
en este país, se afana en sorprendernos cada día
con una excelencia mejor que la anterior. Más tarde, no
podía faltar la hispánica siesta, donde caldeados
por los rayos de sol, conciliamos un corto y reparador sueño
que ayuda a digerir las fantásticas viandas degustadas
con anterioridad. Luego un poco de lectura, paseos a tomar café
a otros campos y a las 7 en punto, la hora de la cena. Hay días
que después hacemos sesión de cine (con palomitas
incluidas) y otros nos vamos directamente al saco para leer un
poco y dormirnos con la música enchufada a las orejas.
Así pasa nuestra existencia, intercalando periodos de buena
vida con jornadas de alta montaña, con esfuerzos titánicos
que luego nos obligan a recuperarnos en el terreno bajo.
Estamos ilusionados, pues podemos trabajar y vamos avanzando.
Hoy, en vísperas de esta gran salida, estamos un poco nerviosos
y cada uno lo lleva como puede. Cada uno, interiormente, se va
preparando para esta gran singladura, sabiendo que el esfuerzo
va a ser enorme y esperando contar con la suerte necesaria para
regresar con bien al campo base, tras evitar grietas, caídas
de piedras y todo lo demás que lleva asociado esta arriesgada
actividad. A modo de recordatorio, está noche ha caído
una avalancha de la montaña, que durante un par de minutos
ha sacudido las tiendas del campo base. Parecía una fuerte
y súbita tormenta, pero tan sólo era la onda expansiva
que ha alcanzado nuestro cobijo. No hay que bajar la guardia,
pero desde luego, hay que salir a luchar duro y no reservarse,
puesto que ahora sólo se trata de avanzar, cada vez un
poco más arriba. Miro a la montaña y me imagino
como esta noche seremos como pequeñas hormigas arañando
sus enormes laderas. Mientras todo el mundo duerme, nosotros avanzaremos
en un singular mundo de hielo y roca. Resoplaremos en estas pendientes,
hundidos bajo el peso de nuestras mochilas. Por la mañana,
encaramados al nido de águilas que es el campo 2, disfrutaremos
de un panorama inigualable y veremos un poco más cercana
la cima del Nanga Parbat.
Carlos pauner |