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"HER SANI"
por Manuel Vázquez. Enfermero que acompaña la expedición
de Carlos Pauner.
Pasan los días y ya he cumplido más de un mes de
estancia en Pakistán. Uno no acaba de asimilar los cambios
y la velocidad en que hemos tenido que realizarlos. En un corto
espacio de tiempo, el escenario de la vida ha cambiado de forma
drástica, la cultura, la religión, las costumbres,
el ritmo de vida, el lenguaje, los medios, casi todo. Si, casi
todo, porque aquí también hay personas que con su
amabilidad hacen que estos cambios no sean tan brutales. Ellos
conocen, entienden y en cierto modo se adaptan a nuestras formas
de vida, aunque sea impulsados por su necesidad de sobrevivir
con el negocio del turismo. Pasamos por lugares donde el transito
de las expediciones camino del Nanga Parbat ha dejado su huella
y las expectativas de vivir mejor crecen y se alientan con el
numero de expedicionarios que acuden cada temporada y solicitan
los servicios de los porteadores. Por un puñado de rupias
llevan a sus espaldas cargas de hasta 25 Kg. durante 3 o 4 días,
incluyendo sus útiles y la comida. Durante la marcha de
aproximación, los nativos empleados como personal de servicio
en nuestra expedición (cocinero, auxiliares y oficial de
enlace) al enterarse de que era la persona responsable de la asistencia
sanitaria en el grupo, cuando se dirigen a mi me llaman “Her
doctor”. Se puede apreciar la influencia que ejercieron
los primeros montañeros que acudieron para subir a estas
montañas. Mis compañeros, derrochando humor hispano
y la costumbre de cambiar de nombre a todo ser ya bautizado, deciden
llamarme como los nativos. Tras unas negociaciones haciéndoles
comprender aquello del intrusismo profesional, lo dejamos en “Her
sani” (de sanitario). Con este nuevo nombre de guerra, llego
al lugar donde emplazamos el CB. La primera lucha es contra los
elementos, lo que se prometía como un CB con hierba, debido
a lo excepcional de la estación, resulto ser un campo con
2 metros de nieve. No había problemas para elegir sitio,
todo estaba llano para colocar las tiendas, aunque con el material
personal, justo para soportar las gélidas temperaturas
(-10º C) del lugar. Las últimas y continuas nevadas,
habían cargado la montaña de tal manera, que al
poco de llegar una estruendosa avalancha de nieve polvo cae al
otro lado de la morrena y lleva hasta nuestros rostros una brisa
fresca que nos advierte de la situación en que se encuentra
el monte, para invitarnos a la prudencia. Después comienza
el arduo trabajo de un sanitario dedicado a perseguir sarracenos,
en un constante ejercicio diario para el mantenimiento de nuestros
principios más elementales de higiene y limpieza en la
elaboración y conservación de los alimentos, en
el asentamiento de las letrinas, captación y potabilización
del agua, aseo personal del personal de servicio y una larga lista
de cosas por nombrar. Dura batalla diaria la de repetir y repetir,
y siempre con la misma respuesta “Why not, Sir?, pero después
de todo, la satisfacción que produce la ausencia de problemas
gastrointestinales reseñables y los que aparecen son consecuencia
de los abusos personales.
Pasan los primeros días entre acomodarse en el CB, instalación
del C-1, porteos de material y planes, solo modificados por la
informaciones que nos llegan de la meteo. Cuando todo parecía
ir bien, surge la llamada de socorro de mis compañeros
desde el C-1 con el accidente de Raquel. Menudo inicio!!!, comienza
a mostrarse la cruda realidad de lo que puede acontecer en estos
parajes, tan aislados y hostiles. Ahora comprendo al Prof. J.R.
Morandeira cuando habla de sus hazañas sanitarias por tierras
del Himalaya, el entusiasmo con que las describe, denota la tensión,
las dificultades, las penurias vividas en el ejercicio profesional
y también el éxito en sus servicios y la satisfacción
del trabajo bien hecho. Otra batalla consiste en vigilar los distintos
altibajos que soportan los expedicionarios, periodos de euforia
o de depresión. El cansancio, la recuperación, la
espera, la incertidumbre, las estrategias, la rutina, se encargan
de hacer mella en los estados de ánimo. Gracias a nuestras
previsiones y provisiones gastronómicas nos hacen volver
a niveles de optimismo y motivación necesarios para afrontar
estos retos deportivos. También, observar otro fenómeno
que transforma a los compañeros de forma paulatina y que
conocemos con el nombre de “embrutecimiento”; se dejan
barba, cambian los temas de conversación, las bromas, la
música, los chistes, una especie de mimetización
con el medio, por otra parte necesario para permanecer aquí.
La presencia de un sanitario en una expedición es una noticia
que recorre el valle, de ello se encargan los porteadores cuando
regresan a sus lugares de origen. Ellos son los primeros en solicitar
mis servicios y los encargados de imprimir velocidad a la noticia.
Algunos han acudido con niños en brazos desde distancias
que le lleva todo el día para llegar. También reseñar
la numerosa presencia de personas en el CB hasta un total aproximado
de 60 personas. Siempre, alguien tiene algún problema de
salud. Debido a la cantidad de trabajo asistencial y compromisos
en una línea de investigación con la Universidad
de Zaragoza, mi actividad deportiva queda relegada a un último
plano, aunque no renuncio a alcanzar objetivos más pequeños,
para los que ya he iniciado aclimatación hasta el C-1 y
aristas próximas al CB en ratos libres.
Solventadas estas batallas, continuamos inmersos en la guerra
por ascender a esta gran montaña.
Un saludo para la dirección y mis compañer@s del
H. Royo Villanova.
Manuel Vázquez. Enfermero
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