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No cabe duda que la aventura del Kangchenjunga ha cambiado mi vida completamente. Quizás no fue fácil de percibir en un principio, pero con el paso del tiempo he ido comprendiendo que esto ha sido una realidad. Tras esta experiencia, al límite de lo humanamente soportable, nada ha vuelto a ser igual para mí. Realmente, no ha supuesto un trauma apreciable en el aspecto psicológico, o por lo menos yo no lo he percibido de esta manera. Es decir, no he tenido malos recuerdos que me despertasen en mitad de la noche, ni pensamientos derrotistas, que me impidiesen volver a soñar con hacer una actividad similar. De hecho, tras los acontecimientos vividos en la tercera altura del planeta, durante todo el vasto proceso de recuperación, la idea de volver a escalar estas grandes montañas me motivó de forma importantísima. Las largas sesiones diarias de rehabilitación de la mano, que se extendieron a lo largo de varios meses, fueron una dura prueba, difícil de sobrellevar. La idea única y fija de volver a estar en condiciones similares a las de antes y poder volver a dirigir mis pasos hacia el himalaya, facilitó en gran manera este largo y penoso período de tiempo. Carlos Pauner
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