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EL ABANDONO DE LOS
DIOSES
No cabe duda, los dioses del lugar, cualesquiera que sean, nos
han abandonado. Se podría decir que nos han maldecido,
probablemente por alguno de los muchos pecados que hemos cometido
en nuestra vida. Todos nuestros gloriosos planes de asestar el
golpe definitivo a esta montaña se han vuelto contra nosotros
y hemos recibido la ira divina, en forma de lluvia y nieve. La
idea de salir al encuentro de nuestros compañeros, alcanzarlos
y continuar desde allí hacia la cima, no ha podido ver
la luz. Inciertos nubarrones el día de la partida, nos
hicieron retrasar la misma y al poco rato estaba lloviendo y nevando.
La montaña se cubrió por completo y comprendimos
que habíamos sido afortunados en nuestra decisión.
Al día siguiente, tras soportar un infierno de nieve e
incertidumbre, nuestros amigos también han desistido y
han abandonado su cobijo en el campo 2 para llegar a la seguridad
del campo base. Desde aquel momento, no hemos visto la luz del
sol. Saco cuentas y confirmo que ya llevo aquí 17 días
de inactividad. Demasiados. Estoy a punto de pasar esa barrera
invisible en la que se pierde el rumbo y desaparece la motivación
que me trajo hasta aquí. Todos los días son monótonos.
Lluvia y nieve en altura. Partes meteorológicos, estrategias,
planes que se van al infierno. Cada jornada se ha convertido en
una dura prueba de confianza, de esperanza en una mejoría
que, día tras día, no llega. Mantener la moral alta
es un prioridad, que se transforma en una prueba muy dura, quizás
demasiado. Muchos de nosotros hemos pasado una primavera de horror
en otras montañas. Esfuerzo, esperanza y al final todo
esto no sirvió absolutamente para nada. Repetimos ahora,
en otro país, en otra cumbre, pero el mal tiempo parece
ser el mismo. La maldición nos sigue allá donde
vayamos o por lo menos así lo parece este año. Mucha
gente comienza a hacer planes para volver a su casa. Otros muchos,
callamos, cabizbajos, intentando buscar razones para seguir aquí.
Voy a rebuscar en lo más profundo y encontrar un motivo
para tener esperanza. Debo resistir, debo aguantar, por mi y por
mi gente. No debemos darnos por vencidos y es lo único
que nos debe preocupar ahora. Por qué no? Siempre lo he
hecho así. Al final, siempre he aguantado hasta que se
ha presentado la oportunidad y ahora no tiene que ser diferente.
Ahora es el momento de sacar energía de donde sea, de todos
los rincones. De los buenos recuerdos, de la amistad, del apoyo
de todos los que estáis allá, de la propia adversidad.
Es el momento de seguir solos y si los dioses nos han dejado,
les haremos saber que no nos importa. Dos compañeros asturianos
y el grupo japonés aguantan aún en la montaña.
No avanzan, pero no pierden la esperanza pese a llevar 4 días
arriba. Hablamos con ellos y les transmitimos los partes de “meteo”
cuando llegan. Vamos a aguantar y quizás en los próximos
días un rayo de sol nos devuelva la posibilidad de juntarnos
con ellos. Quizás ellos desistan antes, si no llega la
bonanza. Quién sabe. Es un juego extraño, donde
todo depende de algo que no controlamos y el tiempo pasado va
haciendo mella en nuestro espíritu. La montaña,
cada vez más cargada de nieve, nos hace vislumbrar un futuro
difícil y oscuro. Estamos a la espera, tocados, pero, todavía
no hundidos. Estamos solos, abandonados, pero, todavía
no perdidos del todo.
Carlos Pauner
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