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| Foto: Javier Garrido |
GLORIA Y MISERIA
Sabido es que en el Himalaya estas dos realidades se dan a partes
iguales. A lo largo de muchos años en este oficio, me ha
tocado comprobarlo personalmente en muchas ocasiones. Hoy también
he podido ver claramente, como esta dualidad maligna impregnaba
mi existencia. A las cuatro de la mañana, hemos salido
hacia arriba, con la intención de trabajar entre el campo
1 y el 2, fijando cuerda y preparando la ruta para los días
que van a venir. La verdad es que todos los grupos aquí
presentes hemos colaborado estrechamente y daba gusto ver a gente
equipando en una parte, a otros porteando cuerda y material, en
fin, una semblanza de montaña de las que ya es difícil
ver. Gracias al buen tiempo y a esta gran colaboración,
prácticamente ha quedado abierto el camino entre estos
dos campos, entre el base a 4.200 y el campo 2 a 6.200 m. A partir
de aquí el terreno es menos vertical y se podría
decir que esta es la clave del éxito en esta montaña.
Nosotros, hoy hemos aportado nuestro granito de arena fijando
200 m de cuerda más, porteando hasta mitad de camino otro
tanto y además hemos aprovechado para recoger todas las
cosas de Willy y Raquel que estaban en el campo 1 y por si fuera
poco, hemos filmado unas bellas imágenes de montaña.
No se podía pedir más al día de hoy, y al
llegar al campo base tras los más de 1000 m de desnivel
realizados y todo este trabajo, se podría decir que estábamos
rotundamente satisfechos, habíamos rozado la gloria con
nuestros dedos. Que felices me las prometía, hasta que
una llamada de teléfono me ha mostrado la otra parte de
la moneda. Era Raquel, desde un hospital de Islamabad.
No es posible, pensaba yo. Aun estas en este
país? Aun no te han repatriado? Cómo es posible,
que los esfuerzos de más de 20 personas por bajarla del
campo 1, que el empeño por intentar llegar en mitad de
la noche con el material médico necesario, que los desvelos
intentando mantenerla constante aquí en el base y evacuarla
lo más rápidamente posible, no hayan servido para
nada? En que clase de mundo estamos que una compañía
de seguros no es capaz de hacer todo lo posible para aliviar a
una persona? Señores míos, me gustarían que
hubiesen estado aquí y hubiesen visto la solidaridad y
ayuda desinteresada que un colectivo de alpinistas ha realizado
para salvar la vida a un ser humano. Me gustaría que en
vez de estar en su cómodo despacho, decidiendo si se gasta
o no el dinero, hubiesen tenido que ponerse unas botas en mitad
de la noche, ascender por heladas pendientes llenas de grietas,
escalar más de mil metros de desnivel y acarrear una camilla
por un terreno, que seguro, les ponía los pelos de punta.
Acaso saben lo que siente una persona que tiene la cadera rota,
que está lejos de su país, tratada en centros hospitalarios
de tercera división? Si, ya lo se, para ustedes todo son
números y cuentas de resultados, pero desde aquí
les digo que esto no funciona así. Quiero creer que todo
esto se debe al desconocimiento absoluto que tienen sobre las
condiciones de vida en estos países. No se de que forma,
ni me interesa, pero saquen a mi compañera de una vez de
este infierno. Por su torpeza, ella va a estar una semana o más
sin ser tratada convenientemente y las consecuencias de lo que
ocurra serán responsabilidad suya. Nosotros estamos tranquilos,
hicimos lo que debíamos pese a correr un riesgo enorme.
Carlos pauner
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