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NO PUDO SER
Nada, está claro que el Broad Peak ha decidido que no ponga
mis pies sobre su cima. Parece que no hay nada que se pueda hacer
para escalar esta montaña. En el anterior ataque, aguantamos
casi 4 días a 7.000 m de altura, barridos por el vendaval,
intentando hacer lo imposible por salir hacia arriba. Al final,
el cansancio acumulado nos obligó a retirarnos. Dada la
precariedad del buen tiempo, decidí lanzar un ataque rápido,
aprovechando un pequeño espacio de buen tiempo relativo.
Así, a las 5 de la mañana del miércoles 26,
salí en compañía de Raul hacia el campo 3,
el cual alcanzamos 14 horas después en una larga jornada
con más de 2.000 m de desnivel. Muy cansados, nos acostamos
5 horas y a las 2 de la mañana salí en solitario
hacia la cumbre. Raul no había descansado bien, ni se había
recuperado de la paliza del día anterior, así que
decidió no salir. Envuelto en la más completa oscuridad,
fui subiendo metros y metros, avanzando rápidamente, soñando
con que en esta ocasión si que iba a ser posible llegar
a lo más alto. A las diez de la mañana había
conseguido llegar al collado, situado a 7.800 m. Ya podía
ver la cima, que si bien no cercana, por lo menos se mostraba
asequible. Repentinamente, al viento comenzó a soplar con
fuerza. Al principio no le di importancia, porque a esa cota es
normal que haya algo de viento. Pero poco a poco se fue incrementando
su intensidad, las nubes se fueron cerrando sobre la montaña
y se desató una tormenta en toda regla. Aguanté
acurrucado en el collado, con la esperanza de que todo pasara,
pero no fue así. La temperatura se desplomó hacia
el infierno, el viento comenzó a helarme, la visibilidad
nula. Estaba claro que no podía hacer otra cosa que renunciar.
Así poco a poco, comencé a bajar, envuelto en nieve,
con la esperanza de poder encontrar el campo 3 en medio de la
nada. Una vez ahí, decidí seguir hasta el base,
al que llegue de noche. Todo había acabado, estaba bien
y eso, dada la situación, era lo importante. Más
de 42 horas de actividad sin descanso, recorriendo toda la montaña,
para al final, no tener ningún resultado. Estoy defradudado,
pero tranquilo. Creo que he peleado con valentía, que me
he vaciado en esta montaña, que no me han dolido prendas
en darlo todo. Al final, como siempre, la montaña ha dicho
la última palabra. No ha podido ser en esta ocasión.
Ahora hay que recuperarse del varapalo sufrido. Volver a sentirse
vivo, volver a poder seguir soñando. No es fácil,
pero habrá que continuar en este hermoso y difícil
camino.
Carlos pauner
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