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DECISIVO
Me despierto en el campo base. Ya he perdido la noción de los días
que llevo aquí. Ayer bajamos del campo 2, tras pasar una noche
allá. Queríamos tirar más para arriba, pero el viento
y la nieve nos ha obligado a replegarnos. No obstante, era una crónica
anunciada. Ya cuando subíamos esas largas pendientes de nieve y
hielo, el cielo nos iba indicando que no iríamos muy lejos. Nubes
en la lejanía, cada vez más compactas, cada vez más
cerca, eran el mensajero de nuestro triste destino. Hoy, arriba sopla
el viento con fuerza. En cierta forma, da gusto estar aquí y no
a merced de los elementos en la cota extrema. Estamos muchas expediciones
preparadas para lanzar un ataque definitivo. Eso es bueno, puesto que
va a ser la única forma de forzar esa fortaleza inexpugnable en
la que se ha convertido esta montaña. Sólo un grupo bien
nutrido será capaz de abrir huella en la nieve profunda y alcanzar
la arista somital. Cualquier grupo en solitario tiene la batalla perdida
de antemano. Por otro lado, el elevado número de expediciones tiene
su lado negativo. Mucha gente colgando de las mismas cuerdas, ya raídas
por el uso y en ciertas ocasiones, peligrosas. Son las dos caras del Broad.
Espero que en esta semana se abra ese indispensable periodo de al menos
4 días de buen tiempo, que podamos estar arriba y cerrar, de una
vez por todas, este capítulo. Nuestra motivación sigue intacta,
puesto que tenemos la aclimatación necesaria y todo el equipo dispuesto
en los campos de altura. Sólo nos hace falta ese disparo de salida,
en forma de parte meteorológico, para lanzarnos a quemar las naves.
El tiempo pasado aquí en la montaña ha hecho su efecto.
Estamos ya cansados de vivir sobre el hielo, de comer la misma comida,
de pasar el día preocupados por lo que va a acontecer, de luchar
sin recompensa. Ojalá terminemos en unos pocos días y nuestras
atormentadas almas puedan descansar, volver al mundo terrenal y volver
a sentirnos vivos. Ahora somos devoradores de montaña, de hielo,
de signos climáticos. No hay paz, no hay descanso y hasta cuesta
conciliar el sueño. Nada nos puede sacar de este estado, salvo
nuestro paso por la cumbre. Estamos dispuestos y armados para la batalla
definitiva, aquella que tenemos que librar en los confines del mundo,
aquella que nos liberará de nuestro encierro. Luchemos hermanos,
que nada nos frene, que sólo se oiga el crujir de la nieve bajo
nuestro paso firme. Vamos allá y volvamos con la gloria.
Carlos Pauner
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