|
BAJO EL VIENTO DEL
KARAKORUM
Tras la aclimatación hasta casi 7.000 m, me las prometía
muy felices. El tiempo, muy bueno hasta entonces, no ha continuado así
y tal y como es, caprichoso, ha cambiado y se ha mostrado con su verdadera
cara. Ha comenzado a soplar el viento, con fuerza inusitada en altura,
superando los 100 km/h. Las tiendas luchan por no salir volando y nosotros
hemos comenzado a sentir el frío cortante en nuestros cuerpos.
Las predicciones dan una situación de temporal muy fuerte para
5 días y sabemos muy bien lo que esto siginifica. Tedio, espera,
debilitamiento y nerviosismo. Las condiciones de la montaña van
a cambiar a peor, con nieve blanda y placas de viento. El esfuerzo allá
arriba tendrá que ser inhumano para superar estos avatares, todo
esto suponiendo que la racha pase y el sol vuelva a brillar. Siempre es
esto así, los periodos buenos acaban justo cuando vas a atacar
y los malos se prolongan de forma exasperante, poniendo a en jaque a todo
este grupo de seres humanos que nos aglutinamos al pie de esta enorme
montaña. Ahora la estrategía tiene que cambiar. La batalla
hay que ganarla contra uno mismo y contra el tiempo. Ver nevar durante
varios días, sabiendo que esa nieve fresca la vas a tener que atravesar
algún día, va debilitando la mente y desmoralizando hasta
a los más fuertes alpinistas. El tiempo pasa lento, casi imperceptiblemente,
poniendo a prueba nuestras ganas de leer, de hablar, de pensar, de todo.
Ahora hay que ser capaz de hacer dos cosas muy importantes. Por un lado,
aislarnos de los estímulos internos, derrotistas, aumentados por
la sinergia que se produce por los comentarios de otros expedicionarios,
también en la misma línea. Tenemos que creernos que el buen
tiempo llegará, que la fuerzas se mantendrán y que el estado
de la montaña no habrá empeorado extraordinariamente. Por
otro lado, también hay que hacer una selección de los estímulos
externos, de aquellos que llegan de nuestro entorno, ahora lejano. No
permitir que problemas o situaciones familiares o de amigos, nos desequilibren.
Hay que tratar de capturar aquello que nos haga más fuertes y desdeñar
lo que nos debilite, lo que nos haga daño o lo que nos inquiete.
Ese aislamiento mental, tiene que llegar a ser férreo, inamovible
y mantenido hasta el día de salir. En esta gran partida de ajedrez,
nuestra jugada tiene que pasar por concentrarnos tan sólo en el
día de la salida, luchar por llegar a ese día con un estado
mental aceptable y de esta forma, estar listos para pelear arriba, para
entregarlo todo, triunfar y salvar la vida. Personamente, creo que atacaré
subiendo directamente al campo 3 situado a 7.100 m, tras salvar 2.200
m de desnivel, para ese mismo día a la noche, salir hacia cima.
Sólo haré este audaz ataque y si no sale, me iré
de aquí, poniendo mis ojos en otra montaña cercana. Así
tiene que ser y me voy a preparar para ello. El Broad Peak decidirá
el resto de la partida.
Carlos pauner
|